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La conexión sagrada con la naturaleza.
por: Aislinn Derbez

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Cuando empecé este proyecto, en la introducción de qué es La Magia del Caos, conté un poco acerca de cómo ha sido mi viaje personal en la búsqueda de respuestas a nuestra existencia y en este capítulo, (que probablemente sea el más “volado” hasta el momento para las personas que no están todavía sensibilizadas con el tema), decidí abordar la filosofía que para mi hace que la vida cobre más sentido. Para platicar de la naturaleza y nuestro lugar en ella invite a una amiga muy querida y cercana, Ivonne Casillas. Ella es Practicante de la sabiduría Inca Q’ero y comunicadora intuitiva con la naturaleza y la red de la vida. Para Ivonne, “la naturaleza es un ser consciente, es un ser divino, está todo el tiempo en comunicación para mantener el equilibrio, traernos a la paz y estar en armonía con toda la red de la vida” y con la misma perfección con que la naturaleza creó las montañas, los árboles, los mares, lagos y plantas, con esa misma exacta perfección fuimos creados nosotros. Me explicó la importancia de comprender que todo tiene consciencia, que todo está vivo y reflexionamos sobre el porqué hoy en día para nosotros estos conceptos resultan tan curiosos. Hoy sentimos que hablar de que “el ser humano es parte de un todo” o que estamos conectados con la naturaleza es de gente “hippie” y medio loca. Pero ¿no será que lo loco es el estado de desconexión permanente de la naturaleza en que nos hemos empeñado en vivir? Esta filosofía de conexión con la naturaleza estuvo presente en todas las tradiciones nativas del mundo, tal vez sería conveniente revisarla de nuevo... En este capítulo, Ivonne me explicó los tipos de energía que conforman el universo, qué es la famosa “burbuja energética” y cómo volver a la conexión sagrada que tenemos con la naturaleza de manera consciente; teniendo muy presente que es nuestra responsabilidad, (como la de cualquier ser vivo), el armonizarnos a nosotros mismos para poder mantener el equilibrio de nuestro entorno y estar en paz con todo lo que “es”.

Para empezar, me gustaría explicar quién es Ivonne, qué es exactamente lo que hace y cómo nos conocimos. Ella nació en una familia en la que existía la tradición de tener una conexión consciente y sagrada con la naturaleza. Su bisabuela era yerbera, su abuela poseía la capacidad de comunicarse con los animales y su mamá tenía facultades psíquicas. Entonces, a raíz de nacer dentro de ese ambiente, para Ivonne de niña era común tener una comunicación con el perro, con los árboles, con el mar, con un bosque, con el desierto o con el sol. Y a los 17 años vivió un momento muy especial en su vida estando en la sierra de Oaxaca: por primera vez sintió de manera más consciente y contundente la comunicación con la naturaleza. Ahí, la Madre Tierra le dijo que ella estaba aquí para servir a la Tierra, a la naturaleza y específicamente a los animales. Y obviamente al venir de un ambiente urbano, en ese entonces ella no tenía la menor idea de cómo iba a hacer que aquello sucediera.

Empezó a buscar libros y estudió mucho sobre la cultura Mexica, el Budismo y terminó cursando la carrera de Comunicación. Continuó investigando y se encontró con varias maestras y maestros de distintas partes del mundo, sin embargo, siempre sintió que lo que extraía de sus maestros era estructura, opciones de filosofías y la validación de que “ese camino es normal”, ya que su aprendizaje realmente se basó en “reafirmar lo que ya estaba ahí”, es decir, reafirmar lo que ya estaba dentro de ella. Hoy, la filosofía con la que más se identifica y la cual practica, es la sabiduría Inca Q’ero de los Andes, Perú. (Sus maestros han resguardado el conocimiento original de la Tierra durante 500 años y ahora lo abren y comparten con gente que muestre interés por ello.)

A Ivonne yo la conocí hace un par de años, cuando una de mis mascotas se enfermó muy grave y ningún veterinario sabía cómo curarlo. Por azares del destino llegué con ella y me abrió el panorama a un mundo que yo siempre creí que existía, pero nunca había experimentado de manera tangible: un mundo en el que todos los seres vivos tienen consciencia. Platiqué con mi mascota a través de ella en una consulta y eso dio pie a resolver el verdadero problema de mi perro (el cual hasta la fecha sigue vivo y feliz). He de confesar que fue una experiencia muy extraña, pero esclarecedora. Y ahí la amistad padrísima que hoy tenemos nació. Ivonne, además de ser una humana sumamente “humana” que ama el café, da consultas, terapias y cursos donde enseña cómo aprender o recordar de la mano de la Madre Tierra, cómo fusionarnos con la naturaleza y cómo mover nuestra energía justo para regresar a una salud y a un balance primero con nosotros y luego con nuestro entorno.

Ivonne me explicó que no existen energías buenas o malas, (eso de “energías negativas” es un cuento). De acuerdo con ella, más bien, existen energías ligeras y energías densas: las ligeras son por ejemplo la alegría y la paz, mientras que las densas son el enojo, miedos e inseguridades. Dichas diferencias de energía conforman el universo, están en todo y abonan al equilibrio de la Tierra. Ahora, su trabajo consiste en armonizar esas energías dentro de la burbuja energética de los seres vivos. Pero, ¿qué carambas es eso de burbuja energética? Es la energía que te sostiene (ahí se guarda tu información) y está en contacto con la energía que sostiene a todo; en el Hinduismo se le conoce como Aura y en la cultura Inca se le conoce como Poc po.

Para poderlo comprender a nivel físico, imagina que alrededor de ti existe un huevito de energía que te acompaña el 100% del tiempo, los 365 días del año, lleno de energía ligera y densa (en diferentes medidas), en donde se encuentra plasmada tu información más profunda, como por ejemplo tus heridas. Ya que lo puedes “ver” más claro en tu cabeza, lo que Ivonne propone es que abracemos la idea de que todos los seres vivos tenemos esa burbuja, incluso las montañas, los árboles, tus flores favoritas y un perro o león.

De acuerdo con Ivonne, somos los únicos seres en el planeta que de alguna manera no sabemos cómo equilibrar la energía densa con la energía ligera y entonces nos sobrecargamos de la energía densa. Dicho de otro modo, somos los únicos seres que acumulamos la energía densa y la transformamos en conductas, patrones o situaciones negativas para nosotros mismos por el simple hecho de no soltarla. Los animales se “sacuden” (imaginen un pato sacudiéndose) la energía densa que ya no les funciona, en cambio, nosotros rechazamos el estado de paz en el que deberíamos vivir. Por ello, algo en lo que Ivonne hizo mucho hincapié es el principio básico de cómo la Tierra mantiene la vida y mantiene el equilibrio:

“Si partimos del principio de que la energía no se crea ni se destruye, entonces sólo hay cierta cantidad de energía disponible y si yo soy un cuerpo vivo como lo es la Tierra y tengo energía ligera y densa, yo voy a tener que saber cómo administrar, circular, armonizar mi energía y digerirla para estar sana. Es un principio de contención de la vida, de mantenimiento de la vida.”
Ivonne Casillas

Las distintas energías tienen su distinto orden en la Tierra y el objetivo es ponerlas en su respectivo lugar. Por ello, de acuerdo con Ivonne y el equilibrio perfecto que nos propone, cuando nosotros soltamos la energía densa, a la Tierra le funciona como alimento o composta. La Tierra no va a decir “me estás entregando toda tu basura energética, que poca madre”, al revés, va a tomar esa energía, la va a des-condensar, procesar y volverla a utilizar. Cuando nosotros acumulamos energía densa excesiva en vez de soltarla contaminamos nuestro entorno y eso no ayuda al equilibrio. Aquí Ivonne dio un ejemplo que me encantó: si tú tienes una mandarina, te vas a comer los gajos, vas a tomar el jugo que está cargado de nutrientes y vitamina C y tu cuerpo va a tomar otras partes que posteriormente va a eliminar (fibra). Pero a la tierra le vas a dar la cáscara y para la tierra la cáscara es lo más nutritivo que existe; para ella no es “fuchi ¿ahora que voy a hacer con una cáscara?”, sino “¡mira, algo que puedo descomponer para que después de esto se alimenten el pasto o los árboles!”. Si llevamos el ejemplo anterior al terreno de las emociones, (aunque cabe destacar que cada emoción es válida y útil per se), Ivonne propone que sentimientos como enojo, celos, envidia o incluso un cuadro de depresión (emociones que todos hemos sentido o recibido en mayor o menor medida), no son conducentes a que estemos en paz o armonía y por ende, se deben remover y dar a la Tierra para que ésta las pueda transformar. ¡Es un ciclo de equilibrio en el cual todos formamos parte!

Ivonne también explicó que diferentes elementos pueden trabajar con diferentes emociones (con la finalidad de sanarlas): el sol está muy relacionado con el corazón, el agua está relacionada con emociones como tristeza, gozo y energía ancestral, el viento tiene que ver con nuestras palabras, nuestros pensamientos (lo que decimos, lo que no decimos), las bendiciones y comunicación con ángeles, y la tierra tiene que ver con nuestras relaciones, nuestras familias, lo que está presente en la Tierra y nuestro propio cuerpo. Muchas personas sin consciencia alguna de lo anterior, de manera instintiva dicen: “estoy pasando por algo dificil, llevo dos años sin tomar vacaciones, estoy estresado, triste, cansado y por eso me quiero ir a la playa o a un bosque”. Ahí pasan varias cosas, de acuerdo con Ivonne, en la playa o en el bosque, por el simple hecho de estar en la naturaleza, esa naturaleza solita va a empezar a tomar de ti y sacar de tu burbuja energética la energía densa y pesada. La naturaleza te equilibra sin que tú hagas nada porque la naturaleza necesita equilibrarse a sí misma. Y como tú eres parte de ella, si tú entras a una playa o bosque caminando, entras voluntariamente en el campo energético de toda esa playa o bosque y toda esa playa o bosque por querer autorregularse, también te va a armonizar a ti. Eso de entrada es un regalo que te va a dar la naturaleza, te vas a ir de ese espacio natural sintiéndote más ligero.

Cuando conectamos con la naturaleza, volvemos a nuestro estado original de paz, sabiduría y tranquilidad. Pero si aparte tú haces el esfuerzo de entrar en una conexión consciente con la naturaleza, rindiéndole con devoción eso que no has podido superar, el hecho de que has perdido tu propósito y empiezas a hacerte las preguntas filosóficas que toda la humanidad se ha hecho a lo largo de los siglos, de acuerdo con Ivonne, las respuestas te van a empezar a llegar sin palabras, es decir, mediante emociones, caídas de veintes, reflexiones, y te vas a ir de ese espacio natural con una respuesta que no puedes verbalizar cómo es que llego hasta ti, pero que te va a encaminar. Para Ivonne la naturaleza es una gran terapeuta porque lo hace desde el amor, desde el “te quiero recordar que eres amado, que eres perfecto, que tienes un lugar, que tienes un propósito”. Y francamente, yo no podría estar más de acuerdo: la naturaleza te regresa a tu lugar, a ti mismo.

Pero ¿por qué nos hemos desconectado tanto? ¿Por qué al leer esto (probablemente) sientes contradicción y te resuena, pero al mismo tiempo se siente como algo chiflado? Yo creo que esa desconexión deriva de nuestro miedo a la incertidumbre y nuestro miedo a morir: hemos querido controlar y someter cada detalle de nuestra existencia para crear un falso sentimiento de protección y certidumbre. Ivonne lo comprende de una manera muy particular, ella sostiene que “curiosamente tratando de escapar de la muerte, hemos generado más muerte”. Muerte de seres humanos, animales, flora y fauna. Por otra parte, algo que me sorprendió mucho fue el punto de vista de Ivonne sobre la desconexión sistemática con la naturaleza, para ella lo importante no recae en el porqué nos desconectamos y no ve como negativo el que no todos podamos conectarnos con una montaña, sino que su preocupación recae en la consecuencia de lo anterior; es decir, el hecho de que hemos perdido el respeto por la naturaleza y hemos empezado a sentir que no dependemos de ella, que nuestro bienestar no depende de que la Tierra esté bien y nos hemos dedicado a controlarla y someterla a como dé lugar. Si bien nadie está promoviendo la idea de que regresemos a vivir a una cueva, la finalidad de la conversación que sostuvimos si es que reflexionemos sobre el impacto negativo que hemos impulsado a partir de ese primer miedo de morir cazados, de que nos caiga un rayo, de que no podamos alimentarnos o que nos congelemos hasta la muerte. Existen caminos más orgánicos y amorosos con la Tierra de los cuales podríamos extraer mucha sabiduría.

Me gustaría cerrar con el mensaje que el mar le comunicó a Ivonne durante una meditación respecto al lugar que ocupamos los seres humanos en la naturaleza:

“Todos nosotros (mares, ríos, montañas, bosques, etc.) estabamos aquí antes de que ustedes llegaran o fueran creados pero el papel del humano es ser el que siente y el que expresa a través de emociones y de toda su manifestación y expresión humana, todo lo que ya está en la naturaleza. Estaban las aguas y esas aguas están en ti en forma de sangre, de saliva, de sudor; estaban todos los bosques y toda la tierra y eso está en tu carne y en tus huesos; estaba el sol, que hoy está en tu corazón; estaba el viento que es tu espíritu.”
Ivonne Casillas

De acuerdo con Ivonne, la naturaleza nos creó a su imagen y semejanza con una consciencia de auto-reflexión, para poder vernos a nosotros mismos y poder ver a la naturaleza, pero aparte experimentar emociones muy intensas y poder expresarlas en muchas manifestaciones, desde el arte, hasta la guerra, hasta la religión. A Ivonne el mar le comunicó que los seres humanos somos los “grandes sentidores”: nuestro papel es sentir y reflejar de vuelta a la naturaleza desde una devoción y una gratitud de “gracias por darme este regalo” y no desde la soberbia de “como soy el único que tiene esta consciencia voy a explotarte naturaleza”.

Para Ivonne, hoy estamos en una extremo donde vemos a un rayo como simplemente un cambio de cargas electromagnéticas, un choque de diferentes temperaturas. Que en un sentido científico estricto si lo es, pero hemos olvidado que también hay un espíritu consciente ahí. Si lo pensamos detenidamente, nosotros no podemos decir que somos simplemente huesos y carne… hay un espíritu que nos habita y ese espíritu está directamente relacionado a eso que hay allá afuera que llamamos “naturaleza”.

Finalmente, entendiendo lo anterior, es decir, que somos una extensión de la naturaleza y formamos parte esencial de ella:

¿Cómo te vas a tratar a ti mismo?

*Durante el capítulo, Ivonne guió una pequeña meditación en la que me enseñó a armonizar mi burbuja energética soltando la energía densa innecesaria y cómo conectar a partir de esto con la naturaleza. Escucha el capítulo 7 para poder experimentar en carne propia los efectos de esta práctica. Tal vez te guste tanto como a nosotras sentir esa conexión con la naturaleza.

Si quieren saber más sobre Ivonne, estos son sus datos:
@ivs_casillas
contacto@flordeloto.org

La Magia del Caos - Un Podcast de Aislinn Derbez