Suscríbete aquí para ser parte de La Magia del Caos y poder accesar a contenido único y exclusivo para miembros.

Nombre:

Correo electrónico:

“Lo mejor que no quería que me pasara.”
por: Aislinn Derbez

comparte:

Esta vez decidí entrevistar a uno de mis dolores de cabeza favoritos y la persona más resiliente que conozco: el actor, comediante, productor, director y escritor, Eugenio Derbez (mi papá). Cabe mencionar que al principio de la entrevista la estrella internacional estaba aterrorizado porque según él, a veces me he portado más mamá con él que su propia mamá. Eso probablemente se debe a que desde chiquita yo sentía que lo tenía que cuidar más yo a él, que él a mi; yo entendía en algún nivel muy profundo que mi papá no me podía cuidar realmente, porque estaba apenas juntando las herramientas para hacerlo y me avoque a cuidarlo yo a él. Afortunadamente hoy ya acomodamos varios temas de nuestra relación y los roles ya están repartidos como deberían, pero decidí invitarlo para que nos contara el viaje que fue su paternidad a los 23 años y los (varios) portazos en la cara que recibió antes de poder echar adelante sus proyectos, cosa que mucha gente no sabe. (También para ventanearlo un poco, conviene seguir leyendo.)

La verdad es que mi papá odiaba a los niños, le valían “tres toneladas de madre”, no le causaban gracia alguna y si le preguntabas te decía que la paternidad no estaba en sus planes. Entonces cuando recibió la noticia por parte de mi mamá de que iba a tener “una bendición” su primera reacción fue “pérate no, ya se acabo mi vida”. Creyó que se tenía que despedir de sus sueños, dejar de estudiar y ponerse a trabajar. De tal manera que cuando yo nací, él estaba en negación total. Y analizándolo juntos, eso de “me enamoré a primera vista de mi hij@” es un poco diferente en los hombres y para él fue un proceso de reconocimiento. Confesó que la frase “eres lo mejor que no quería que me pasara” que acompaña el título de su película “No se aceptan devoluciones” es suya y está basada en su experiencia de ser papá por primera vez (conmigo). Nos platicó de lo que él llama “su segunda paternidad” con Aitana y como ella lo trae cacheteando banquetas. Después se aventó la reflexión de que los hijos son los mejores maestros que podemos tener en la vida y yo no podría estar más de acuerdo.

También hablamos de su carrera, muchas personas lo ven y dicen “guau, es muy exitoso, seguro siempre ha tenido mucha suerte” pero la verdad es que no. Ser hijo de Doña Silvia Derbez, la estrella de las telenovelas mexicanas, fue más una cruz que un tobogán al éxito a nivel laboral. Por ser su hijo le negaron muchas oportunidades de trabajo y no lo tomaron en serio. Los productores de su mamá nunca le dieron chamba y su experiencia tocando puertas fue bastante traumática. Desde que directores como Don Ernesto Alonso ni siquiera lo voltearan a ver (literalmente) cuando les iba a pedir trabajo, hasta encontrarse las fotos que les llevaba a los productores de Televisa (como comúnmente se hacía) tiradas en un bote de basura o que un productor le dijera “¿ya mejoraste? Porque si no has mejorado no tiene caso contratarte”. Claramente esto lo tiraba para abajo y llegaba a su casa harto de humillaciones, queriendo ya no ser actor. Sin embargo, como siempre ha sido alguien muy perseverante, pasaban 3, 4, 5 días y lo volvía a intentar.

Posteriormente, algo hizo click en su cabeza y entendió que en lugar de pedir, tenía que ofrecer. Él lo explica mediante la siguiente analogía: tenemos la manía de ser como las moscas en la ventana, queremos salir al exterior pero buscamos sólo un camino y nos estrellamos contra el vidrio hasta que nos morimos como las moscas. Por lo cual, cuando se dio cuenta de que ir a dejar su foto a los productores no era útil, decidió cambiar de estrategia y le dijo a un grupo de amigos: “no tengo dinero pero las ideas que tenemos están muy padres, ¿le entran? Voy a pichar esta idea a Televisa pero necesitamos trabajar en ella algunos meses gratis, pero si la hacemos, la hacemos todos juntos”. Los amigos le dijeron “órale, va” y se dedicaron a trabajar todos de manera gratuita en hacer un libreto de “Al Derecho y al Derbez”. Ahí fue cuando la vida le cambió.

Sin embargo, años después la historia se repitió cuando trató de incursionar en cine. Teniendo ya una carrera exitosa y un programa con un rating altísimo, los productores de cine decían “ay el bufonsito de la tele ahora quiere hacer cine”. Un productor un día le comunicó puntualmente lo que se decía en las juntas de producciones cinematográficas cuando su nombre salía a colación: “voy a perder credibilidad, ¿cómo voy a meter a Ludovico Peluche o al Lonje Moco a mi película? Esto es algo serio”. Y nuevamente le cayó el veinte de que si no se daba trabajo a sí mismo, nunca iba a poder hacer cine. Ahí, él se movió de la postura de “¿por qué a mi?”, “que injusta es la vida”, “malditos directores y productores”, “¿por qué la gente del cine no me quiere?”, “pinches cineastas” hacia la postura de “gracias, me están haciendo un gran favor”. Derivado de ese rechazo nació “No se aceptan devoluciones”, película que él escribió y dirigió (porque una vez más, ningún director de cine creyó en él y la quiso dirigir). Él hoy lo reflexiona como un gran regalo y está seguro de que esos rechazos eran la vida empujándolo (mientras él mentaba madres). Era la vida diciéndole “no es por el vidrio, es por acá”. Fue tan genuino y grato el aprendizaje que incluso al final de la película de “No se aceptan devoluciones” él quería poner el siguiente agradecimiento: “gracias a todos aquellos que me rechazaron porque si no hubiera sido por ellos no hubiera yo tenido el coraje de escribir mi propia película.” Aunque su productora, (muy sabia), le dijo que no era buena idea hacer eso porque se iba a ver ardido.

Muchas veces decimos “no me van a ganar” o “no me voy a rendir” pero seguimos simplemente intentando desde la misma trinchera. Y la diferencia entre ser persistente y no claudicar o ser necio es moverte de postura y explorar más opciones, desatorarte. Hay que entender las señales que la vida nos da y como bien propone mi papá utilizando un dicho muy sabio (y altamente desconocido): “si la vida te da limones, pues haz limonada”. En una de esas, ese es el camino correcto.

En este momento él está escribiendo una película sobre fluir y las enseñanzas que las puertas cerradas le han dado, por lo cual se ha dado la oportunidad de leer sobre el Taoismo y ha llegado a la conclusión de que no existe la vida perfecta; según él, comúnmente tenemos la idea de que “algún día, cuando tenga dinero y mis hijos estén alrededor de mi viendo la tele seré feliz…”, cuando en realidad eso no existe. Esa circunstancia de felicidad que estamos buscando, si es que la llegamos a conseguir, dura cinco minutos y se acaba, es efímera. Puso el ejemplo de la pandemia y cómo él ha decidido abordarla: todos sus proyectos están parados, no obstante a él le dió mucha emoción. Afrontó la situación como un momento en el que va a poder leer el libro que no había tenido oportunidad de leer, ver la película que no ha podido ver y pasar tiempo con su familia. Él compara a la pandemia con las estaciones del año, donde de acuerdo a la etapa, te tienes que mentalizar y preparar para disfrutar, poniéndote tu traje de baño para verano y los esquís para invierno (y no al revés, porque sino la puedes pasar de la fregada por necio). Para él, cualquier lugar por oscuro que sea puede ser la semilla de un cambio que la vida te está poniendo enfrente y se trata de entregarte y buscar tus cartas, es decir: si está lloviendo, sacar el paraguas y afrontarlo, no decir “ta madre, está lloviendo, me voy a mojar”, salir sin paraguas, mojarte, enojarte porque te mojaste y enfermarte porque te mojaste.

Ahora, también tiene un lado oscuro mi papá, no todo son flores y luz: tiene la peor suerte del mundo. Todo lo que puede salirle mal, le sale mal y siempre ve el puntito negro, eso negativo que no te gustaría que pasara. De chiquita siempre me decía “te vas a caer” y a mi me enojaba porque me echaba la sal y terminaba sucediendo. Era el provocador de tragedias oficial. Mi papá siempre ha tenido una nubecita gris arriba de la cabeza, tiene una manera muy peculiar de atraer las cosas que no quiere que le pasen. De la misma manera en que materializa el éxito, materializa todas las peores posibilidades que le da miedo que ocurran y que ya tiene contempladas. Yo pienso que se enfoca tanto en analizar las posibilidades negativas y en “tengo que hacer esto para que no me pase esto” que las termina materializando. Para mi, el miedo es de los materializadores más potentes porque no dudamos de que “eso negativo que nos da miedo” pase. Cuando algo te da miedo, te da tanto miedo que no dudas que eso pueda pasar y eso hace que pase. Y generalmente con las cosas buenas somos como de “neeeh ojalá y pasara pero no creo” y ahí, cuando dudamos, estamos condenando a esa situación positiva a que no pase.

Y ya en el terreno de las críticas constructivas, mi papá aceptó que uno de los peores errores de su vida fue inculcarnos la filosofía de “tienes que ser el mejor”, “tienes que ser exitoso”, “si no eres el mejor no eres nadie” y “no vales” porque lo único que hizo fue presionarnos de una manera terrible, traumarnos con la idea de que no éramos suficiente y resultó contraproducente. Yo recuerdo que cuando le comentaba que era la mejor en alguna clase me cuestionaba acerca de qué servía ser la mejor en una clase y diluía ese logro, restándole importancia. A mi eso me traumó mucho, porque a diferencia de él, a mi no me motivaba el competir, no me motivaba el ser mejor que otras personas, al contrario, me hacía sentir mal, me hacía sentir menos.

Hoy, tras una época en su carrera en la que tuvo una calidad de vida deplorable donde no tenía tiempo para comer, dormía 3 o 4 horas al día, no veía a su familia, no podía irse de vacaciones o disfrutar la vida que tanto le había costado construir, se ha dado cuenta de que el éxito no está en ser famoso, en ser rico, ni en ganarle a los demás, ni en ser el número uno, ni en ganar premios. Y reconoce que el secreto está en el balance de saber qué es lo que realmente necesitas y entender que cada persona tiene una meta que no puede alcanzar, así como que entre más se tiene a nivel material o laboral, más broncas se adquieren y más ambicioso te vuelves. Él considera que muchas veces nos desbalanceamos por lograr nuestros sueños y para él hoy lo más valioso en su vida, ya no es el dinero, sino el tiempo. Muere por tener tiempo para perderlo y ver la ventana (como de película) y no pensar. Eso es la definición de “lujo” para él.

Al final me agradeció y mencionó que para él he sido una maestra en muchos temas, sin embargo yo creo que si nos lo permitimos y dejamos la soberbia de la jerarquía de edad a un lado, padres e hijos podemos ser genuinos maestros a nivel horizontal. Y la enseñanza que diario tengo presente gracias a él es que siempre hay una semilla que de verdad puede ser un catalizador de lo más terrible a lo más increíble, que te puede obligar a hacer algo que no sabías que podías o que necesitabas hacer en tu vida.

La Magia del Caos - Un Podcast de Aislinn Derbez