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Nadie puede llenar tu vacío, la responsabilidad es tuya.
por: Aislinn Derbez

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Para este décimo capítulo del podcast decidí invitar por segunda ocasión a Nilda Chiaraviglio, psicoterapeuta de relaciones de pareja, sexóloga y especialista en diversidad sexual, con más de 30 años de experiencia. Quien también es autora del libro “Pareja en Construcción” y actualmente imparte el diplomado “El Placer de Amar”, en el cual comparte sus conocimientos para la construcción de relaciones nutritivas, usando el autoconocimiento como herramienta fundamental. Nilda es alguien a quien respeto profundamente y le admiro la manera tan desfachatada y acertada en que aborda temas esenciales de la vida y la construcción del ser humano. Para este episodio elegimos el tema que más nos perturba colectivamente: cómo hacernos responsables de nosotros mismos de manera sana dentro de una relación. Concretamente hablamos de que las parejas no se buscan ni se encuentran, cómo el ser humano en vez de expandirse en la pareja sistemáticamente se hace chiquito, la manera en que nos justificamos el ceder por el otro y el daño que esto nos provoca, ¿qué es una relación nutritiva?, el cuento chino de la “autoestima baja”, cómo llenar nuestros vacíos, uno que otro error que he cometido en mis relaciones como ejemplo constructivo, las dos preguntas que nos llevan a repartir correctamente las responsabilidades en un conflicto y el hecho de que nadie nos hiere realmente, sino que nuestra herida nos precede. Este episodio básicamente es una guía de cómo no regarla en las relaciones, si llego hasta tus manos o buscaste el capítulo, aprovecha cada palabra de Nilda al máximo porque puede ser la diferencia entre que sigamos relacionándonos desde nuestros vacíos o desde un lugar sano.

De acuerdo con Nilda, las parejas no se buscan ni se encuentran, se construyen en el largo plazo. Ella es de la opinión de que si andas pescando parejas, vas a pescar resfríos y dolores de panza. Por lo cual propone que las relaciones de corte romántico duraderas se construyen de la siguiente manera: uno conoce a una persona, siente que hay cierto tipo de afinidad (temas compartidos como valores, intereses, deseos) y empieza a construirse una relación de ser humano a ser humano. Y si ambos tienen el mismo concepto de amor y relación de pareja, tal vez puedan ir construyendo una manera de relacionarse que sea nutritiva. Sin embargo, ¿qué significa nutrirse? De acuerdo con Nilda, significa no ceder en nada, no aguantar nada, no tolerar nada, no esperar nada, no pedir nada, ser tú mismo y nada más. Lo cual me parece súper interesante porque hacemos exactamente lo contrario: en cuanto entramos a una relación nos disponemos a ceder, tolerar, pedir y exigir. Por eso no me sorprende que la gran mayoría de las relaciones terminen mal. “Mal” en el sentido de que dejan de ser nutritivas y el ser humano se va haciendo cada vez más chiquito dentro de la relación. “Este escote no”, “este vestido no”, “este amigo no”, “este hobbie tampoco”, “no le quiero decir para no lastimarlo”; todos los “es que…” para Nilda significan:

“Me voy a justificar a mi misma cómo yo me castro para mantener una relación de pareja.”

-Nilda Chiaraviglio

Y cuando nos castramos a nosotros mismos, ¿cuál es el final? Nos enfermamos, nos enojamos, caemos en la impotencia, terminamos queriendole patear la cabeza al otro y nos volvemos profundamente infelices. ¿Por qué? Porque no nos nutre. En vez de expandirnos y convertirnos en seres humanos plenos, nos hace chiquititos.

Un ejemplo claro de cómo yo me he hecho chiquita en la pareja es cómo en todas mis relaciones en lugar de ser 100% yo misma me la pasaba observando e investigando al otro; qué le gusta y qué no, tratando de complacerlo. Asumía la “misión” de entender a la perfección que quería y qué le gustaba al otro para convertirme exactamente en eso y así “demostrarle” y “hacerle sentir” que era profundamente amado por mi. Sin embargo, hoy sé que no hay absolutamente nadie en esta vida que pueda llenarte tu propio vacío. ¡Te tienes que hacer responsable tú! Los vacíos los tenemos que llenar nosotros mismos. Esa es la única manera de sentirnos llenos en pareja. Pero ¿por qué creemos que esas actitudes van a derivar en un bien, cuando sucede todo lo contrario? De acuerdo con Nilda, el problema es la cultura; la narrativa literaria y audiovisual que nos invade desde pequeños y forja nuestro pensamiento poco a poco, está basada en conceptos de romanticismo que favorecen olímpicamente al hombre y plantean la idea de que “el otro te completa” y “tú estás hueco”. Nilda lo explica con un ejemplo que me encantó y de manera muy clara:

“Mira, esta es Ais y este es el galán: Ais dice “yo lo voy a hacer feliz” y el galán también dice “yo la voy a hacer feliz”, pero resulta que un vacío más otro vacío hacen un vacío grandote; no hacen un “lleno”. Entonces, ¿nos podemos complementar? Si, pero porque a mi me gusta la psicología y a ti el arte, de tal manera que tu me muestras lo que a ti te gusta y yo te muestro lo que a mi me gusta y por ende tú te interesas por mis gustos y viceversa.

Si podemos complementarnos en el sentido de “nutrirnos de distintas áreas”, sin embargo, lo que nunca va a suceder es que nos llenemos o que nuestros vacíos se llenen en la complementariedad. Los vacíos únicamente los llenamos nosotros mismos.”

-Nilda Chiaraviglio

Esto me costó entenderlo pero me parece clave, no hay absolutamente nadie en esta vida que pueda llenar nuestros vacíos. Te tienes que hacer responsable tú. Esa es la única manera de lograr sentirnos llenos en pareja y construir una relación nutritiva.

Ahora, Nilda tocó un tema que me parece fundamental entender porque de él dependen muchos otros: la autoestima. Nilda me comentó que diario en su consultorio se le presentan casos en los que algún paciente le dice “esque tengo baja la autoestima” y ella los cuestiona sobre el nivel exacto en el que se encuentra su autoestima, (porque la autoestima en sí no va por niveles, existe y ya). De acuerdo con Nilda Chiaraviglio, existe una función en el cerebro que se llama efecto recompensa y ésta consiste en aliviarnos cuando nos sentimos incómodos o apresados. En el efecto recompensa se graban todos tus alivios, alegrías y lo que te enorgullece de ti mismo; es decir, la primera amiguita que tuviste, la primera buena nota, la primer carrera ganada, el primer cuadro que hiciste, todas esas cosas por las cuales te sentiste orgulloso de ti y alguien te dijo “¡ay que lindo!”. De tal manera que tu autoestima es la acumulación de todos tus logros en el efecto recompensa y no hay un “nivel normal” de autoestima (por eso no puede haber una “baja autoestima”). Tenemos el autoestima que tenemos, punto. (Y si queremos aumentarla una solución viable podría ser ponernos metas cercanas y lograrlas.) Para Nilda el cuento de la baja autoestima es una justificación de “porqué no me hago responsable”. Pareciera que el autoestima es un virus que viene por ahí y se nos mete pero no es algo externo, se genera dentro de nosotros. No obstante, como bien señala Nilda, si te castras, si cedes, si aguantas, si haces cosas que no quieres todo el tiempo, por complacer al otro, el efecto recompensa te dice “espérate así no funciona” y en vez de expandirnos, nos hacemos tamaño miniatura. Creo que la pregunta más valiosa que Nilda hoy nos plantea con este tema es ¿qué haces de bueno tú para quererte

Por otra parte, algo que me llama mucho la atención es cómo justificamos mediante los conceptos que aprendimos durante nuestro crecimiento el no hacernos responsables de nuestras propias emociones y de nuestros anhelos. Se lo comenté a Nilda y me dijo algo que me pareció muy provocador e interesante porque implica que nosotros mismos nos metemos el pie constantemente: de acuerdo con Nilda, en el momento en el que nombramos como culpables de “no pararnos”, “no reírnos” o “no hacer lo que nos gusta” a la baja autoestima, la ansiedad, la angustia, la depresión, la codependencia o las adicciones nos hacemos puré de papa. Nos destruimos a nosotros mismos inmediatamente, porque el echarle la culpa a todo lo anterior es sinónimo de “yo no me puedo hacer responsable y por eso voy a culpar a…”. Desde el punto de vista de Nilda, la ansiedad y la depresión se generan dentro de nosotros y son el reflejo de lo que interpretamos de nuestra vida; no son agentes externos que nos invaden, ni somos sus esclavos. Son el fiel retrato de cómo interpretamos lo que nos pasa. Y (aquí concuerdo totalmente con lo que Nilda propone) si tú interpretas que vives en un mundo hostil, que nada sirve, que todo es una porquería… pues lo vas a lograr y vas a convertir tu mundo en eso.

Ahora… es momento de explicar el concepto estrella que me voló la cabeza en una terapia que tuve con Nilda (porque básicamente mi vida hizo click): la Llave del Cielo. (Suena súper cursi el nombre pero ojo que sólo se lo puso para evitar que la gente olvide este importante concepto.) Entonces, ¿qué es la famosa Llave del Cielo? La “Llave del Cielo” es una herramienta creada por Nilda Chiaraviglio para detectar en un conflicto quién debe hacerse responsable y consiste en utilizar la llave para abrir dos puertas mediante la resolución de dos preguntas con sus respectivas claves.

De acuerdo con Nilda, en un conflicto quien “siente” el problema es quien debe “resolver” el problema. Sé que esto suena complicado de entender porque es un concepto medio abstracto pero creo que con el siguiente ejemplo queda muy claro: si tú estás en el tráfico y tienes una cita a las 10 A.M. pero resulta que los coches van a vuelta de rueda y tu GPS te dice que vas a llegar 10:30 A.M. a tu cita y empiezas a ponerte nervioso - histérico, no dejas pasar al de enfrente, le avientas lámina a todos y llegas 10:30 A.M. a tu cita con el sistema nervioso destrozado… ¿De quién es la bronca? ¿En manos de quién estás poniendo tu bienestar? ¿Quién tiene que resolver la histeria? En función del concepto que propone Nilda, si tomas tu llave y te preguntas (puerta 1) “¿de quién es el problema?” y te contestas con la clave que abre la puerta 1: “de quien lo siente” y luego te preguntas (puerta 2) “quién debe resolver el problema?” y te contestas con la clave que abre la puerta 2: “quien lo tiene”... PUM. Te das cuentas que el problema es tuyo y tú eres quien tiene que resolverlo. Si decimos que el problema es del tráfico entonces trasladamos nuestro bienestar a las manos del tráfico y si hay muchos coches ya se nos arruinó la vida. ¿Apoco lo que “sentimos” depende de la cantidad de coches que hay en la calle?

Para Nilda, la única manera de resolver un problema es que tú lo tengas en tus manos. Mientras tú no tengas el problema en tus manos, éste no se puede resolver. Cuando está en manos ajenas, el problema lo tiene el tráfico, el clima, los vecinos, tus amigos, tu pareja, tu trabajo... ¡Imaginate! ¿Todo el mundo tiene que cambiar para que nosotros estemos contentos? ¿Qué probabilidades tenemos de que realmente la podamos pasar bien si no asumimos nuestros problemas? No obstante, necesitamos aprender a usar la llave como un acto de amor, no emplearla desde un lugar de venganza o superioridad. Y la podemos usar con amor diciéndole al otro “te he visto resolver problemas mucho más difíciles que este. Tengo la absoluta confianza de que vas a poder resolver el que tienes delante. Dejar el problema en mis manos únicamente te martiriza, resuélvelo como tú quieras”. El punto es devolver de manera amorosa el problema a las manos de la persona que debe resolverlo y repartir las responsabilidades en su debido lugar.

También hablamos brevemente de las creencias: Nilda me comentó que en nuestra cultura una verdadera mujer es la que sufre. Si no sufre, todos nos preguntamos ¿en qué andará tan contentilla aquella...? Y planteó lo siguiente:

“Creo que es muy importante pensar en esto: “hay que ser puntual”, “hay que ser recatada”, “hay que ser flaca”, “hay que tener buen cuerpo”, “hay que tener muchos amigos”, “hay que atender la casa”, “hay que estar siempre contenta”, “hay que…”

¿Quién lo dijo? ¿Para qué le sirvió al que lo dijo? ¿Fue feliz haciendo eso? ¿Porqué será que nos creemos eso que alguien mas dijo?”

-Nilda Chiaraviglio

Y estoy totalmente de acuerdo, el problema de las creencias es que las asumimos como ciertas sin reflexionar qué le hace esa creencia a nuestra vida. Lo cual da pie al último tema que tocamos en este episodio: las heridas.

Normalmente culpamos al otro por “hacernos daño”, cuando en realidad ese daño ya estaba hecho desde hace mucho tiempo atrás y esa persona únicamente tocó un botón que detonó el dolor que nos produce esa herida que sistemáticamente tratamos de esconder. De acuerdo con Nilda, nadie te hiere, tu herida te precede. Si dices “mi marido me grita” y le quitas el “me” con el que te adjudicas la direccionalidad de la emoción, el enunciado resulta en “mi marido grita” y eso nos lleva al hecho de que nadie nos hiere emocionalmente, la persona que tiene que resolver “ese dolor” detonado es quien tiene la herida, no quien la provoca. Y si bien no se trata de ir por la vida con cero tacto y tratar a la gente como no nos gustaría que nos trataran, es importante tener consciencia de que no somos responsables de las emociones de las demás personas. (Ojo que lo anterior no se está refiriendo a situaciones de violencia donde las herramientas a emplear y el proceder tienen otra lógica.)

Finalmente, de este capítulo yo me quedo con que siempre tenemos la elección de decidir si nos flexibilizamos y nos relajamos o nos ponemos rígidos y nos enojamos porque nada se resuelve afuera, todo se resuelve dentro de nosotros y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, creciendo internamente, haciéndonos responsables de nuestra propia existencia, es el mejor regalo que le podemos dar a nuestra pareja, a nuestra familia, a nuestros amigos y al mundo entero en general.

Les dejo los datos de Nilda en caso de que quieran contactarla:
www.parejaysexualidad.com
cursosnilda@gmail.com
Facebook: Nilda.Psicologa
Instagram: @nildachiaraviglio
Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCeF-oWgf-QItBk_4GvXNM2Q/

La Magia del Caos - Un Podcast de Aislinn Derbez